Por: José Velásquez
La Coalición ALMA (Alianza por la Libertad, la Moral y la Acción) emerge en el panorama político colombiano de 2025 como una apuesta por unir fuerzas dispersas de centro, con un fuerte énfasis en valores conservadores como la protección de la niñez, el fortalecimiento de la familia y la defensa de la vida desde la concepción. Integrada inicialmente por partidos como Colombia Justa Libres (de corte cristiano), la Liga de Gobernantes Anticorrupción (heredera de Rodolfo Hernández), Alianza Democrática Amplia (ADA, exaliada del petrismo pero ahora independiente) y Dignidad Liberal, junto a decenas de grupos significativos de ciudadanos, ALMA se presentó como una alternativa "de centro" que rechaza los extremos. Recientemente, selló una alianza clave con Cambio Radical, liderado por Germán Vargas Lleras, para listas al Senado y varias a la Cámara en las elecciones legislativas de 2026.
Esta coalición llega en un momento de crisis institucional, violencia creciente y desconfianza ciudadana hacia el gobierno de Gustavo Petro. Sus promesas —seguridad firme, apoyo a la familia como eje social, creación de un Ministerio de la Familia y orden sin autoritarismo— responden a un sector de la sociedad que se siente huérfano de representación moderada. La unión con Cambio Radical, un partido con maquinaria electoral sólida, le da viabilidad real: aspiran a superar los dos millones de votos y posicionarse como oposición constructiva.
Sin embargo, ALMA no está exenta de contradicciones. Se autodenomina "de centro" y habla de "unidad en la diversidad", pero su plataforma tiene un marcado tinte conservador-religioso, con énfasis en temas como la oposición al aborto y la prioridad absoluta a la familia tradicional. Partidos como Colombia Justa Libres han sido claros en defender valores cristianos, lo que podría alejar a votantes progresistas o seculares. Además, la inclusión de exaliados del Pacto Histórico (como ADA) genera suspicacia en sectores de derecha, que ven rastros de "petrismo" residual.
En un país polarizado entre izquierda radical y derecha dura, ALMA representa un esfuerzo loable por construir puentes. Podría capturar el voto cansado de extremos, especialmente en regiones donde priman temas de seguridad y valores familiares.
Pero su éxito dependerá de si logra trascender el oportunismo electoral —muchas de estas uniones surgen para superar umbrales y mantener personerías jurídicas— y ofrecer una agenda concreta más allá de la retórica moral.
Esta iniciativa es un síntoma positivo de madurez política: en lugar de fragmentación eterna, hay intento de agregación. Colombia necesita opciones de centro que prioricen lo práctico sobre lo ideológico. Si ALMA logra coherencia y resultados en el Congreso, podría contribuir a estabilizar el país. De lo contrario, correrá el riesgo de diluirse en el ruido de las próximas presidenciales. Por ahora, es una luz de esperanza en un escenario fragmentado, pero con el desafío de probar que su "alma" es más que un eslogan.
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