Por: José Velásquez
La contienda electoral en elecciones gubernamentales, muestra algo interesante en el comportamiento colectivo social; la división ideológica va más allá de solo satisfacer la comprensión de los anhelos de visión de país.
En sus famosas reflexiones escritas desde la celda de la prisión de Tegel, Dietrich Bonhoeffer llegó a una conclusión contundente: la estupidez es un enemigo del bien mucho más peligroso que la malicia. Esta idea, lejos de ser un insulto casual, constituye un análisis profundo sobre cómo las sociedades colapsan moralmente.
Bonhoeffer argumentaba que contra el mal se puede protestar, se puede desenmascarar e incluso combatir mediante la fuerza. El mal siempre deja un rastro de malestar que permite identificarlo. Sin embargo, contra la estupidez estamos indefensos:
- La razón no funciona: Los hechos que contradicen los prejuicios de una persona bajo este estado simplemente no se creen o se apartan como irrelevantes.
- Autosuficiencia: La persona estúpida suele estar satisfecha de sí misma y, si se siente acorralada por argumentos, se irrita y pasa al ataque.
Para el teólogo, la estupidez no tiene que ver con el coeficiente intelectual. Existen personas extremadamente cultas y ágiles mentalmente que son "estúpidas" en términos éticos.
- La estupidez es una condición adquirida: No se nace estúpido, sino que uno se deja hacer estúpido o permite que otros lo hagan.
- Es un fenómeno de grupo: Surge principalmente bajo el impacto de un fuerte aumento del poder (político o religioso), donde el individuo renuncia a su autonomía crítica para integrarse en la masa.
Bonhoeffer observó que, al hablar con alguien infectado por esta "estupidez colectiva", uno siente que no está tratando con una persona, sino con eslóganes y consignas que se han apoderado de ella. El individuo se convierte en una herramienta ciega capaz de cometer atrocidades sin reconocer que son malas.
El autor de Ética sostenía que la estupidez no se vence con instrucción o educación teórica, sino mediante un acto de liberación.
- Liberación externa: En muchos casos, solo el colapso del poder que genera esa estupidez permite que el individuo recupere su capacidad de pensar.
- Responsabilidad ante Dios: Bonhoeffer concluye que solo el "temor de Dios" —entendido como la responsabilidad última del ser humano ante la verdad y la justicia— puede liberar interiormente a la persona para vivir una vida auténtica.
Esta teoría sigue siendo un recordatorio crítico de que la salud de una democracia no depende tanto de la inteligencia de sus ciudadanos, sino de su valentía para pensar por sí mismos y resistir la seducción de las respuestas fáciles.
Cuando se sigue a un candidato o partido político es fácil caer en fanatismo estúpidos por la presión de identidad de grupo y el afán de pertenecer a un colectivo social identitario.

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