Por: José Velásquez
El Centro Democrático que otrora representara el espectro centro derecha, entra en un periodo crucial para su existencia, si bien no desaparecerá como partido, si verá diezmado su apoyo en la base electoral, que ante un discurso más extremo y cautivador del presidente electo Abelardo de la Espriella, con énfasis en seguridad y orden público, podría llevarse esas mayorías de la base electoral en el futuro próximo.
Desde la fundación del partido Centro Democrático en 2013, como iniciativa política y alternativa al vacío representativo de centro que había dejado la elección de Juan Manuel Santos, junto al sinsabor de la traición dejado a las tesis de la Política de Seguridad Democrática del Gobierno Uribe. Ese liderazgo político de casi dos décadas donde se fortaleció la fuerza pública con una decisiva conducción de las fuerzas militares y de policía, logrando romper ese equilibrio dinámico de fuerzas alcanzado por las organizaciones terroristas, en especial las farc durante su periodo de despeje militar de la zona del Caguán en 1998.
Una vez llega la alternancia de poder en manos de Juan Manuel Santos (2010), se inicia un proceso de "dialogo" con las farc, donde nuevamente se diezma el poder militar y la influencia de Alvaro Uribe durante dos periodos presidenciales. Y es precisamente en ese primer periodo presidencial en el que se funda el partido Centro Democrático (2013) como una iniciativa de centro que, ante la ausencia de un partido que representara el sentir del espectro derecha, recoge ese electorado (aprovechando la imagen del presidente Uribe), convirtiéndose en una opción de poder político nacional.
La irrupción del Centro Democrático en la escena política captura un espacio importante de la discusión y del electorado, llegando nuevamente a ganar las elecciones del 2018 con Iván Duque, con el respaldo del partido conservador en cabeza del expresidente Andrés Pastrana.
Solo una año y seis meses de gobierno Duque (es decir un periodo legislativo y medio) se ve truncado con la llegada de la pandemia en 2020, sectores de izquierda aprovechan ese momentum como plataforma discursiva usándolas en contra de las políticas de Duque (a quién le tocó paliar la crisis de salud saliendo el país muy bien librado en términos generales). Esa crisis desvío la atención e ingentes recursos a fin de afrontar durante los dos años de gobierno restantes, entretanto sectores políticos antagónicos aprovecharon ese vacío apoderándose de la narrativa, apelando al uso y al surgimiento de las redes sociales como plataformas de propaganda masiva en el escenario político.
El discurso manejado en 2021 por la izquierda logra incitar una movilización social a nivel nacional, que de manera coordinada, simultanea y sistemática, arremeten contra el comercio y las principales ciudades, una acción denominada "estallido social", que no fue otra cosa que una toma guerrillera urbana como se desprende en decisiones de instancias como el Tribunal Superior de Bogotá que, al condenar a integrantes de la auto denominada "primera línea" por delitos como tortura y concierto para delinquir, advirtieron sobre la planeación y participación de estructuras al margen de la ley para desestabilizar el orden público mediante el ataque a la infraestructura del transporte masivo, Comandantes de Policía y CAI que no correspondían a la protesta pacífica tradicional, sino a una estrategia armada de desestabilización.
Ese escenario de debilidad de Iván Duque y el corto margen de maniobra política, debilita la imagen del Centro Democrático y sectores afines a la derecha, dejando la victoria en 2022 al movimiento "Pacto Histórico" liderado por el guerrillero de izquierda e indultado (de la organización terrorista M-19) Gustavo Petro, quién llega cabalgando sobre la acción de persuasión de masas fruto de la propaganda visceral desplegada en las redes sociales.
Una vez más la disputa política de los sectores de derecha se diluyeron durante el cuatrienio Petro en torno a la financiación ilegal de la campaña, la violación de topes electores, la indignidad del cargo e innumerable escándalos de corrupción. Disyuntivas que no llegaron a feliz término, dejando en evidencia la debilidad política de figuras notables de la derecha.
Ya entrada la contienda electoral nuevamente en 2025, surge la aspiración presidencia del reconocido abogado Abelardo de la Espriella, un outsider (entre otros como Vicky Dávila) que irrumpe en el escenario político, con una marcada cercanía al ex presidente Uribe, quien intenta captar el voto con un discurso centrado en la seguridad y el imperio de la ley.
De la Espriella trató de acercarse a la gran consulta en la que participaban principalmente sectores de centro y derecha con Paloma Valencia por el Centro Democrático, Juan Manuel Galán del nuevo liberalismo, Anibal Gaviria de Fuerza de las Regiones, David Luna, Juan Daniel Oviedo, Vicky Dávila, Enrique Peñaloza, Juan Carlos Pinzón y Maurio Cárdenas, cuya respuesta fue un rotundo portazo.
Al látere de la recolección de firmas de De la Espriella y de los ataques viscerales recibidos de sus pares ideológicos, Paloma Valencia gana la gran consulta y escoge a Juan Daniel Oviedo como su fórmula vicepresidencial. Ese rifi rafe entre dos sectores representativos de la centro derecha, lo gana De la Espriella en la primera vuelta presidencial con una aplastante victoria, lo que significa un punto de inflexión no previsto por la dirigencia del partido Centro Democrático.
Y es en este preciso instante en que el outsider capta el electorado del centro y más extremos del espectro derecha, provocando una verdadera desbandada de las bases populares afines a este sector político, que no se sintieron representados por la dupla Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo con un discurso difuso y diverso.
Y claro, una vez ganada la presidencia de manera solitaria, solo con el apoyo de un partido minoritario (Salvación Nacional) y con la base electoral, De la Espriella ve la posibilidad de tornarse como el futuro referente de la derecha, espectro que por décadas ha estado acéfalo.
Esa aspiración y el desplome de Paloma Valencia en la primera vuelta, son un signo de alarma en el Centro Democrático que contrasta directamente y amenaza la subsistencia de la colectividad como un partido fuerte.
Ahora con la aparición del partido Defensores de la Patria junto a Salvación nacional, la pérdida de electorado del Centro Democrático en la contienda reciente y muy seguramente en las próximas regionales, (máxime con las intenciones de De la Espriella de gobernar desde las regiones) la amenaza es directa.
Si bien no será el ocaso de un un partido que llegó a ser mayoritario en el senado, si se verá reducido a una mediana representación de centro, con una pérdida de influencia nacional y regional.
Sin embargo, todo pasa por la aceptación del desarrollo de gobierno de De la Espriella y de la satisfacción del electorado. Una vez pasado el primer o segundo año de gobierno, y entrada en vigencia la personería jurídica del partido Defensores de la Patria, tendrán la posibilidad de dar avales junto con el partido de Salvación Nacional. La aprobación o el rechazo de la agenda gubernamental del partido naciente se verá reflejada en las elecciones regionales.
Así pues, la disputa por los electores de parte del Centro Democrático y el "Abelardismo", es directa y existencial.
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