Por: José Velásquez
El resultado del 4 de octubre dejó a Flávio Bolsonaro en el primer lugar, pero sin mayoría suficiente para evitar el balotaje. Lula quedó apenas 1,87 puntos por detrás. Con más de 33 millones de abstencionistas y cerca de 9,3 millones de votos obtenidos por candidatos eliminados, la segunda vuelta del 25 de octubre comienza como una disputa por la recomposición del electorado brasileño.
La primera vuelta de las elecciones presidenciales, celebrada el 4 de octubre, produjo un resultado que modifica varias de las previsiones que circulaban durante la campaña: Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), terminó primero con el 47,03% de los votos válidos, mientras Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), obtuvo el 45,16%.
El resultado oficial divulgado por el Tribunal Superior Electoral (TSE) confirma que ambos pasarán al segundo turno del 25 de octubre. Flávio obtuvo algo más de 56,1 millones de votos y Lula cerca de 53,9 millones. La diferencia fue de aproximadamente 2,23 millones de votos.
Pero detrás de esa aparente polarización hay un dato que puede resultar todavía más importante: ninguno de los dos candidatos tiene asegurado el apoyo de una mayoría del electorado que participó en la primera vuelta.
Para las elecciones generales de 2026 quedaron habilitados 158.745.463 electores, 2,29 millones más que en 2022, un crecimiento de 1,46%, según el TSE.
La abstención alcanzó aproximadamente 33,4 millones de personas, equivalente al 21,08% del padrón. Se trata de uno de los niveles más elevados registrados en una elección general brasileña y supera ligeramente el 20,9% de 2022.
El fenómeno merece atención porque la diferencia entre Flávio Bolsonaro y Lula (2,23 millones de votos) es considerablemente menor que el número de electores que no participaron.
Esto no significa que los abstencionistas constituyan una reserva electoral de alguno de los dos candidatos. No existe fundamento para asumir cómo votarían esas personas. Sí significa, en cambio, que la capacidad de movilizar electores que no participaron en la primera vuelta puede ser relevante para el resultado del 25 de octubre.
Evolución de las últimas elecciones muestra una tendencia de largo plazo:
| Elección presidencial | Abstención aproximada |
|---|---|
2014 | 19,39% |
2018 | 20,33% |
2022 | 20,95% |
2026 | 21,08% |
La elección de 2026 confirma, por tanto, un proceso de aumento de la abstención electoral.
Al mismo tiempo, entre quienes acudieron a votar hubo 2,3 millones de votos en blanco y aproximadamente 3,67 millones de votos nulos, de acuerdo con el TSE.
La suma de abstenciones, votos blancos y nulos supera ampliamente la diferencia existente entre los dos finalistas. Pero, nuevamente, no debe confundirse ese dato estadístico con una supuesta reserva de votos: son comportamientos electorales distintos y no pueden atribuirse automáticamente a una preferencia política.
La comparación con la primera vuelta de 2022 permite dimensionar el cambio. En aquella elección, Lula obtuvo 57,26 millones de votos, frente a los 51,07 millones de Jair Bolsonaro. La diferencia fue superior a seis millones de votos.
Cuatro años después, Lula registra cerca de 53,88 millones, mientras Flávio Bolsonaro obtiene aproximadamente 56,10 millones.
La primera es que Lula perdió volumen absoluto de votos respecto de la primera vuelta de 2022.
La segunda es que el candidato que representa actualmente al campo bolsonarista consiguió superar el número de votos que Jair Bolsonaro había obtenido en la primera vuelta de 2022.
La comparación debe hacerse con cautela porque se trata de candidatos distintos y de contextos electorales diferentes. Pero la magnitud del resultado muestra que el campo político identificado con Bolsonaro conserva una capacidad electoral significativa.
La diferencia entre los dos primeros, además, se redujo de más de seis millones de votos en 2022 a poco más de dos millones en 2026.
El resultado de la primera vuelta deja aproximadamente 9,3 millones de votos fuera de los dos finalistas.
Augusto Cury obtuvo cerca de 3,45 millones; Renan Santos, 2,68 millones; Ronaldo Caiado, 2,61 millones; y Romeu Zema, algo más de 326.000. El resto de candidaturas reunió una cantidad menor.
Estos votos adquieren ahora una importancia política evidente.
No porque puedan trasladarse automáticamente de un candidato a otro, sino porque representan segmentos del electorado que deberán tomar una nueva decisión, abstenerse o votar en blanco o nulo.
La ventaja de Flávio sobre Lula fue de aproximadamente 2,23 millones de votos, mientras que los candidatos eliminados reunieron más de cuatro veces esa cantidad.
Por eso, la segunda vuelta será también una negociación política en torno al centro, la derecha no alineada con el bolsonarismo y los electores que buscaron una alternativa a la polarización Lula-Bolsonaro.
Hasta ahora, tres de los principales candidatos derrotados han evitado entregar su respaldo formal a cualquiera de los finalistas.
Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado no declararon apoyo a Lula ni a Flávio Bolsonaro inmediatamente después de la primera vuelta. Los tres cuestionaron, desde perspectivas diferentes, la polarización que terminó dominando la elección.
Caiado tiene además una particularidad: el PSD decidió mantener una posición de neutralidad nacional, permitiendo que sus estructuras regionales adopten posiciones diferentes frente a Lula y Flávio.
Esto puede ser relevante porque el PSD cuenta con una estructura política territorial mucho mayor que los 2,6 millones de votos obtenidos personalmente por Caiado.
En otras palabras, el valor de Caiado en la segunda vuelta no se mide solamente por sus votos presidenciales, sino también por la capacidad de movilización política de su partido y de sus dirigentes regionales.
El candidato del Novo no declaró explícitamente el nombre de Flávio inmediatamente después de la primera vuelta, pero afirmó que estaría "contra el PT" allí donde el partido de Lula estuviera presente. Posteriormente, el Novo anunció que apoyará a Flávio Bolsonaro en el segundo turno.
El peso electoral directo de Zema es pequeño: alrededor de 326.000 votos.
Pero su posición tiene una dimensión política mayor porque puede contribuir a consolidar un sector de la derecha que no necesariamente se identificaba inicialmente con el candidato del PL.
El error sería considerar el resultado del 4 de octubre como una simple fotografía del 25 de octubre.
La primera vuelta permitió a los electores expresar preferencias entre una oferta amplia de candidaturas. La segunda obliga a una elección binaria entre Lula y Flávio.
Eso cambia la lógica de la campaña.
El Congreso también cambia el escenario
La elección presidencial no puede analizarse separadamente del resultado legislativo. El PL de Flávio Bolsonaro registró un avance importante en el Congreso, convirtiéndose en la mayor fuerza tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados. El bloque de derecha y centroderecha también obtuvo una representación significativa.
El 25 de octubre no solamente estará en juego quién ocupará el Palacio del Planalto. También estará en discusión qué tipo de relación tendrá el próximo presidente con un Congreso donde las fuerzas de derecha y centro-derecha tendrán un peso considerable.
Para Lula, una eventual reelección tendría que convivir con ese nuevo equilibrio legislativo. Para Flávio, una eventual victoria presidencial tendría la posibilidad de apoyarse en una bancada parlamentaria más favorable a su proyecto político. En ambos casos, la gobernabilidad dependería de negociaciones con otras fuerzas.
Otro elemento significativo fue la diferencia entre el comportamiento de algunas encuestas previas y el resultado final.
En los días anteriores a la primera vuelta, diferentes sondeos mostraban a Lula por delante o en una situación de empate técnico con Flávio. Datafolha, por ejemplo, publicó antes de la elección una medición que situaba a Lula por encima de Flávio en intención de voto para la primera vuelta.
El resultado oficial terminó colocando a Flávio en el primer lugar con 47,03%.
Esto no permite concluir que las encuestas fueran uniformemente incorrectas: cada estudio tiene fecha de campo, muestra y margen de error diferentes. Pero sí demuestra que la movilización final del electorado puede modificar sustancialmente el escenario que muestran los sondeos realizados antes de la jornada electoral.
La segunda vuelta comienza, por tanto, con dos candidatos que ya poseen una base electoral considerable. Flávio parte de aproximadamente 56,1 millones de votos y Lula de cerca de 53,9 millones, ninguno de los dos puede considerar cerrada la elección.
Hay aproximadamente 9,3 millones de votos provenientes de candidaturas eliminadas, más de 33 millones de abstencionistas y varios millones de votos blancos y nulos.
No todos esos electores son susceptibles de ser movilizados y, mucho menos, pueden considerarse disponibles en bloque para una candidatura.
Por eso, la clave del segundo turno no será solamente conquistar nuevos votos, sino conseguir que esos votos efectivamente se conviertan en participación electoral.
La experiencia brasileña muestra además que el comportamiento de los electores entre primera y segunda vuelta no es mecánico. Los partidos pueden recomendar una candidatura, pero los ciudadanos deciden individualmente.
Brasil aparece profundamente polarizado alrededor de Lula y del apellido Bolsonaro, pero al mismo tiempo casi 10 millones de electores optaron en la primera vuelta por una tercera alternativa y más de 33 millones no acudieron a votar. La polarización, por tanto, convive con una importante fragmentación del electorado.
La segunda vuelta del 25 de octubre será una elección diferente: ya no se tratará de escoger entre una docena de candidaturas, sino de decidir entre dos proyectos políticos con identidades muy marcadas.
Brasil, en consecuencia, llega al 25 de octubre con una elección abierta en términos de transferencia de votos y movilización electoral, y con un nuevo dato estructural que trasciende la disputa presidencial: el fortalecimiento parlamentario de las fuerzas de derecha y centro-derecha modificará la gobernabilidad del próximo gobierno, independientemente de quién gane la Presidencia.




Comentarios
Publicar un comentario